DERECHO COLABORATIVO EN MATERIA DE FAMILIA: el UpGrade a soluciones consensuadas y con el mayor control de daño posible

Por: Eduardo A. González Fuentes.

Fecha: 12/07/2021

          “Esta Reunión pudo ser un E-mail”. Desde hace mucho tiempo, incluso cuando me encontraba como un joven estudiante de derecho (más joven aún), que se vienen escuchando una serie de reformas a nuestro sistema, empezando por el ya iniciado proceso de cambio de constitución plasmado en la convención constitucional que tuvo éste domingo 4 de julio de 2021, su maratónica primera sesión, no exenta de problemas en su inicio y que felizmente pudo desarrollarse de una buena forma. Sin embargo, hemos tenido diversos intentos de reforma otros sistemas que imperan en nuestra vida legal, como al sistema penal, que es probable que sigan durmiendo, o “mimiendo” como dicen mis sobrinos, junto a distintos otros proyectos como la rebaja de la dieta parlamentaria, por mencionar alguno, en los despachos de nuestro congreso nacional.

            Precisamente, en abril de este año, el Senado inicia la tramitación a una reforma procesal civil, que dentro de todo conjuga una reforma tanto al Código de Procedimiento Civil, a la Ley de Mediación y al Código Orgánico de Tribunales. Todo lo anterior motivado a que gran parte de las causas que se someten a la decisión de los tribunales, son propios de materias civiles. Respecto de esto, el presente artículo se centrará en lo relativo al recientemente acuñado “DERECHO COLABORATIVO”, un término que resulta nuevo para muchos, pero que se lleva en la práctica hace bastante tiempo en relación a la mediación y/o trabajo colaborativo, que se debe llevar para poder solucionar y evitar, en la medida de lo posible, judicializar conflictos en materia de familia ante los tribunales especializados de dicha sede. Lo anterior en miras de desarrollar, en próximas publicaciones, la reforma misma y adentrarnos en el mundo de la mediación.

            De lo anterior se hace ineludible que nos refiramos a  la mediación, ya que es la piedra angular, de forma conjunta, pre o post trabajo colaborativo, de esta nueva forma de “hacer derecho”. La mediación, es una instancia alternativa de resolución de conflictos, en el que un tercero imparcial, sin poder decisorio, llamado mediador, ayuda a las partes a buscar por si mismas una solución al conflicto y sus efectos. Entonces comprendemos que aquí el mediador, no es el protagonista ni tampoco es el que decide, como muchas veces pasa con el juez en un tribunal, sino que es un facilitador, el que al ser un tercero neutro, propende a que las partes en conflicto se empoderen como verdaderos protagonistas de su situación y puedan lograr llegar a un acuerdo, que no solamente sea una solución para el ahora, sino que sea un acuerdo que perdure en el tiempo, donde se trabaje a las partes para la internalización de esta solución.

            Hoy en día, por la pandemia, junto con todos los esfuerzos y flexibilidad de la normativa mediante actas y leyes, como la ley 21.226, donde en materia de familia, establece que mientras dure el estado de excepción constitucional de catástrofe por calamidad pública, las demandas podrán realizarse sin necesidad de acreditar el cumplimiento de la obligación  de mediación previa, o cualquier otra exigencia que se torne difícil de cumplir por la pandemia. Esto con el fin de agilizar la presentación de demandas y no entorpecer el acceso a la justicia requerida.

¿Y ustedes se preguntarán, que tiene que ver eso con el Derecho Colaborativo?, pues les diré que bastante, sobre todo mirado desde la óptica de mi área de ejercicio que es el derecho de familia, donde precisamente el ser pioneros en esto, no necesariamente ha parado de perfeccionarse, siempre hay algo que mejorar o actualizar. El derecho colaborativo, o la practica colaborativa nos invita a llevar a nuestros clientes, en forma conjunta con la parte contraria, a nuevas formas de solución de conflictos, de manera consensuada, participativa, donde, al igual que en la mediación, sean ellos los protagonistas, arquitectos y constructores de los acuerdos que los regirán de ahora en adelante.

            Justamente, hoy en día los abogados que nos dedicamos al derecho de familia, si antes éramos, además de abogados, una suerte de psicólogos, hoy es un hecho que se ha acrecentado con la ley 21.226 que exime, durante el estado de excepción constitucional, la mediación previa obligatoria para las materias que lo necesitan, ya que los abogados además hoy debemos ser una suerte de mediadores.

            Es por esto que el Derecho Colaborativo nos exige cambiar el estereotipo del abogado que va al “choque”, que va directo a la pelea, la intransigencia, que establece obstáculos y que no tiene la mayor disposición a acercar posiciones.  Esto último toma mayor importancia, la disposición y el respeto.

El derecho de Familia muchas veces no ha sido bien mirado por muchos de nuestros colegas abogados, tildándolo de fácil, muchas veces incluso de no ser derecho, craso error, que tenga un procedimiento rápido, hace que lo miren a huevo, como forma fácil de hacer dinero. Los más ajenos a esta materia, no ven que la gran dificultad de Familia es todo lo subjetivo que envuelve esta área del derecho, como lo son las relaciones de familia y todo el impacto, personal y económico, que la judicialización del problema, trae a las partes del conflicto y a su entorno. Situación que no la ven al momento de dialogar con la contraparte. El Derecho Colaborativo, nos pide dejar de ser el abogado despiadado, que lamentablemente aún abunda, nos invita y exige tener una disposición conciliadora, ya que en familia, gran parte de los procedimientos están involucrados uno de los pilares más importantes y más olvidados de nuestra actual sociedad, junto con nuestros adultos mayores, que son los Niños, Niñas y Adolescentes.

            Precisamente, al ser nuestros NNA, los objetos de la mayoría de los procedimientos de familia, la judicialización provoca, en la mayoría de los casos, un impacto negativo sumamente grande en ellos y en las partes en pugna. Nosotros como abogados, debemos tener en cuenta absolutamente todo el panorama, y hacer el, que yo llamo, control de daños. Tratar de que el conflicto tenga el menor impacto negativo posible, así poder lograr acercar posiciones con la parte contraria, teniendo siempre en cuenta el INTERÉS SUPERIOR DE LOS NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES.           

            De esto, no puedo evitar recordar la frase “Esta reunión pudo ser un correo electrónico”, muchas veces, en mi ejercicio profesional, he visto como muchas demandas, que llegan a audiencia, perfectamente pudieron ser una mediación o una transacción. Creo que ocuparé,  en el futuro, la frase “Esta causa/audiencia pudo, perfectamente, ser una mediación/transacción”.

Finalmente, y en resumidas cuentas, este nuevo término, “Derecho Colaborativo”, nos llama a hacer un UpGrade de nuestro sistema operativo, tener una altura de miras, defender los intereses de nuestros clientes sin hacer nuestros sus conflictos, aterrizar expectativas , evitando así la judicialización innecesaria para llegar acuerdos sólidos y satisfactorios, que tengan el menor impacto negativo en la familia y las partes mismas, teniendo por objeto que sean duraderos,  cuyas modificaciones sean siempre en consenso y fuera de todo conflicto.

 

 

 

 

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